Protegidaaaaaaaaaaaaaaaaaas, ya está aquí el capítulo 14!!
Caaatoorcee, suena bien eh? Catorce! jaja Por fin llega lo que están esperando mis desesperadas lectoras..., lo deducís por el título, no? ;)
Estoy muy decepcionada, mucho, solo he recibido imágenes para el concurso de Rea, venga, animaros y enviarme las imágenes que queráis y que identifiquen a mi historiaa, por favooor, venga, que ya tenéis lo que querías, ahora enviarme las imágenes y participar, participar, PARTICIPAAAR!!! Van a ver cambios en el blog!! Y nuevas páginas!! Así que porfavor, es importante que participéis!!
Buenoo, ya se han acabado las Olimpiadas... pero nos hemos llevado 17 medallas!!! Ya nos tienes que agradecer los hombres a las mujeres nuestro esfuerzo,que casi todas son por parte femeninaaa!!!
Luciaaa, si no hubieras insistido tanto no lo habría acabadoo, jaja lo he escrito por tii.
Queen, ahora que hay beso, me devuelves el novio??
Crispii, aver si Alan y Sheila toman ejemplo de Cristopher y Nadia ejem ejem ;)
Ya acabo, os dejo con el capítulo que es larguitoooo, y por lo que parece, es el más esperadoo jaja
Espero que os gustee^^
La brisa me da en la cara, alborotándome el pelo y obligándome a recogérmelo en un moño. Respiro la fragancia del mar y cierro los ojos, escuchándo el alboroto de las olas.
-¿Has terminado de dormir?- dice Cristopher, que ha dejado la moto al lado de una palmera.
-Ja, ja que gracioso. No duermo, escucho el mar- le contesto con superioridad.
-¿Y que te dice? ¿Que que chico más guapo te acompaña?
-No, que te de una ostia- y acto seguido le doy en el hombro.
- Que bestia que eres, seguro que esto te lo ha enseñado Piggi en el entrenamiento.
-Sí, dentro de nada podré darte una paliza como ella.
-Ni en sueños- entonces me agarra, me tira a la arena y caemos rodando por la playa. Chillo como una loca, pero no por miedo, sino de felicidad. Justo paramos en la orilla y una gran ola nos empapa a los dos.
-Ala mira, por tu culpa me voy a resfriar.
-Si claro, a finales de mayo es normal resfriarse.
-Pues sí, deberías saber que yo soy muy delicada.
-Ya ya ya... dime Nadia, ¿también eres delicada con las cosquillas?
-Yo no tengo cosquillas- mentira. Cristopher se lanza hacia mi y comienza a hacerme cosquillas, y no las puedo soportar- para, paraaa, porfavoor.
-¿Pero no decías que no tenías? Eres una mentirosa, ahora verás- y las cosquillas aumentan.
-Paraaaa.
-Pídeme perdón por mentirme.
-¡¡Nunca!!
-Muy bien- yo no paro de reír, ya no aguanto más.
-Vale, valee, lo sientooo, no más mentiras.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo- el sonríe y me ayuda a levantarme.
-Jo, estoy llena de arena, ¡por tu culpa!
-Nadia ¿eres tú? ¡No te había reconocido!
-¡Eres idiota!- le digo en tono enfadado.
-Venga, no te enfades, era una broma, ven, vamos a agua y nos limpiamos.
-Pero si no tengo bikini, si me hubieras avisado...
-Pues en sujetador y bragas, por mi no hay problema.
-Sí ¿no te jode? ¡Y con el coño al aire también!
-Ya te he dicho que por mi...- y se ríe, pero le dura poco porque le empujo y cae a la arena.
-Bueno, pues me tendré que bañar con ropa, así también se limpia, que esta hecha un asco- miro la ropa que llevo, pensando si se estropeará. Son unos shorts vaqueros medio desechos, una camisa de tirantes rosa palo y sultecita y unas sandalias marrones. Ninguno de estos encoge así que... me quito las sandalias y me lanzo al agua como una loca posesa.
-Espera que voy- se quita la camisa y los zapatos y se mete también. Yo no paro de bucear y de saltar cuando llegan las olas, que son enormes. Una que bien puede medir un metro y pico, me lleva arrastras.Yo no puedo salir a respirar, estoy atrapada. Pero los fuertes brazos de Cristopher me agarran y me sacan de esta pesadilla.
-¿Estás bien?- he tragado agua, me entra una angustia tremenda y no puedo evitar potarle en la cara- lo tomaré como un sí.
-Lo siento.
-No pasa nada- dice limpiándose.
-Bueno, en el fondo te lo debía, por las cosquillas.
-Vale, estamos en paz- dice sonriendo. ¿Pero como me puede gustar tanto su sonrisa? Es tan bonita... Me tiene agarrada a él por la cintura. Mi húmeda camisa debe de estar marcando mis pechos, seguro que se esta traspasando el sujetador, pero no me atrevo a mirar, porque me he vuelto a perder en su mirada como esta mañana, justo antes de...- nos dejamos algo a medias, ¿no?- me dice, a mi solo me da tiempo a asentir, porque se lanza hacia mi, juntando sus jugosos labios con los mios. El placer llega enseguida. Una de sus manos se mete por debajo de mis cabellos, mientras que la otra me acerca a él aún más. Las mías buscan lugares donde acariciar por todas partes: su cara, su cuello, sus brazos... Yo me estremezco y noto que él también.Cada una de mis celulas piden más y más. Pero ese más no llega, porque una oportuna ola nos empapa y nos lleva hasta la orilla y a mi no puede entrar otra cosa, que la risa floja.
-Acabo de besar a una trastornada mental- dice riéndose otra vez.
-¡Oye!- le tiro a la arena, pero él me agarra y al final caemos los dos entre risas.
-Viviría este momento, una y otra vez. No sabes el tiempo que he esperado esto.
-Calla, que no te pega el papel de chico romántico-dramático.
-¿Y quién eres tú para ir dando papeles a la gente?
-Soy Nadia García Fuentebuena, tu reina.
-Oh, discúlpeme majestad.
-No se si perdonar esta falta de respeto...
-Por favoor, mi reinaa- dice suplicando.
-Bueno, vale vale, te perdono- digo vencida. Esta comenzando a atardecer y un viento helado llega y congela cada uno de mis huesos. Al notar que tiemblo, Cristopher me abraza fuerte
- ¡Dios que frío!- digo tiritando.
-Espera, vamos a por mantas.
-¿A dónde?
-De mi casa.
-Pero para ir a tu casa y luego volver...
-¿Dónde piensas que vivo?
- No se.. tú sabrás, es tú casa.
-Anda, sígueme mi reina- me ayuda a levantarme y de la mano me lleva por la orilla, hasta llegar a un pequeño muelle de madera donde solo hay un
pequeño barco. Al pasar por
las maderas crujen un poco y suben y bajan según llegan las olas. Cristopher levanta una de las maderas y saca unas llaves.
-Seguro que te pasabas la vida escondiendo cosas y volvías a tus padres locos.
-No te lo niego- dice sonriendo. Abre la puerta del barquito y dice -Esta, es mi casa- y es preciosa, porque por muy pequeña que sea es muy acogedora. Todo es de madera, el suelo, las paredes, los muebles... Hay flotadores y cuerdas colgadas de las paredes y fotos, muchas fotos. Hay un sofá verde, con una mesa enfrente. Algún par de sillas y una cama al fondo, junto a una mesita de noche.
-¿Ahí duermes tú?
-No, esa cama es de mi madre. Yo duermo ahí- y me señala una hamaca de tela amarilla al lado de una ventana redonda- Me la hizo mi padre cuando nací, a mi encantaba.
-¿Ya no?
-Bueno, soy tu protector, tengo que vigilarte día y noche, así que pocas veces duermo aquí, por no decir ninguna- no lo había pensado. Mientras yo duermo tan tranquila, él tiene que velar por mi durante toda la noche, ¿qué hará para no dormirse? Ni idea, yo no podría aguantar. Sintiéndome un poco culpable, le abrazo y se me saltan algunas lágrimas al recordar lo que tiene que sufrir la gente por mi.- Ey, venga, no pasa nada enserio, venga Nadia tranquila- me seca las lágrimas y me acaricia- Ya está, olvidemos esto ¿vale?
-Vale
-Venga, voy a por las mantas- abre un baúl y saca dos mantas azules. Me pasa el brazo por el hombro y salimos. Nos sentamos al borde del muelle y nos tapamos con las mantas. Las olas grandes nos salpican y nos llenan de espuma. Apoyo mi cabeza sobre su hombro mientras él me rodea con el brazo.
-¿Qué nota le pones?
-¿A qué?
-Al beso.
-Un nueve, ¿tú?
-Mmmm, un cuatro- no me lo creo ni yo. Por mi, un once.
-¡¿Un cuatro?! ¡¿En serio?! ´
- Sí.
-No puede ser... Vamos a probar otra vez- y cogiéndome desprevenida me besa aún mejor que antes, volviendo locos a mis nervios y estremeciéndome. ¡¡Pero que bien besa!!- ¿y ahora?
-Venga... un cinco.
-Va, lo haces aposta. Merezco un ocho, o más, y lo sabes.
-Ya ya... tendremos que practicar para que mejores.
-Eso me gusta.. ¿podemos empezar ahora?- ahora soy yo la que se lanza y le besa. Cuando acabo, mi estómago gruñe- te he dejado con hambre, ¿eh? Será mejor que prepare unos sandwiches-Y nos pasamos la tarde así. Olas besos y olas. Le hablo sobra Clara, Criskti, los entrenamientos y el palizón que le dió Piggi. Él sobre lo que es vivir en un barco, su formación para ser protector y lo que le costo sacar la licencia de pistola. Deboro los sandwiches y vemos esconderse al sol. Y al final, entre risas, acabo dormida sobre él. Me despierta para que pueda ver el cielo, que esta repleto de estrellas.
-Bueno, será mejor que te lleve ya a casa.
-Uf, pero es tan tarde... ¿no decías que hacía tiempo que no dormías en tu hamaca? Pues hay que hacer algo al respeto, es hora de que vuelvas a dormir allí.
-Tengo que estar contigo Nadia.
-No me has dejado acabar- le digo mosqueada- me quedaré contigo, le envío un mensaje a mi madre diciéndole que como se ha hecho tarde, nos quedamos en tu casa por mi seguridad y ya está- digo guiñándole el ojo. Nos metemos dentro y nos quedamos mirano la hamaca.
-¿Cabemos?
-¿Me estás llamando gorda?
-Gorda, gorda.... rellenita un poco sí que estás.
-Serás...- y le voy a dar, cuando me agarra la mano y me coge por la cintura.
-Es broma, es broma...
-Más te vale- le digo desafiante. Al final resulta, que cabemos perfectamente, bueno, yo estoy encima de él, pero eso a mi no me importa, y no veo que él se queje. Abrazada a él, poco a poco me va entrando sueño. Me siento muy segura con él. Se acerca a mi oído y provoca unas cosquillas, que me producen un gran placer en mi cuello al susurrar.
-Te quiero.
-Yo también te quiero Cristopher.